domingo, 9 de febrero de 2014

ESA VISIBLE OSCURIDAD Memoria de la locura

Una vez en la radio oí un programa sobre la relación entre depresión y arte. Rápidamente olvidé casi por completo el contenido del programa, excepto el título de un libro que recomendaba uno de los entrevistados, que era Esa visible oscuridad de William Styron. Me gustó el título y el fervor con el que lo presentaba la voz de ese hombre que ya no recuerdo quién era. Pero luego se quedó en el limbo de las lecturas deseadas.

Hace poco, releí la recopilación de la correspondencia de Truman Capote (cuyo disfrute aprovecho para aconsejar) y me encontré un par de cartas a Styron, que eran muy elogiosas con su obra y como soy fan irracional de Capote y le doy valor oracular a sus opiniones literarias, rescaté el recuerdo de esa lectura nunca concretada. Sin mucha esperanza, lo busqué en la biblioteca y para mi sorpresa tenían un único ejemplar de la edición de Mondadori de 1990 sobre el cual me precipité.

Es un texto muy breve, mezcla entre crónica, memorias y ensayo. En una nota introductoria el autor nos informa de que la versión que presenta es una ampliación de la publicada por la revista Vanity Fair (dorada época para la literatura en las revistas frívolas, cuando el contenido era algo más que fotos bodas millonarias y catálogos de zapatos). Aunque toca muchos aspectos de la experiencia del sufrimiento de la enfermedad depresiva, se centra básicamente en su vivencia propia para poner palabras a ese padecimiento, una de cuyas características, es lo difícil que resulta expresar sus síntomas en palabras. La depresión es como un pozo negro que se abre a los pies del que la padece, que enfanga su capacidad de sentir y de actuar y que va aumentando de tamaño y tragándose cada vez más cosas vitales para su víctima. Ponerle límites al avance de este pozo negro, acotar su amenazante crecimiento es parte de la labor que hace Styron en este libro.

http://dreamdogsart.typepad.com/.a/6a00d8341c192953ef013487de3ab4970c-450wi 

William Styron y su perra Aquinna en 1979, fotografía de Jill Krementz. Fuente Dog art today 

Tal vez una de las características más dolorosas de la depresión es impedir al sujeto disfrutar incluso de los momentos que deberían proporcionarle satisfacción personal. Styron nos sitúa para comenzar en París, donde ha acudido en compañía de su mujer a recoger un premio literario con una notable dotación económica y sobre todo un gran prestigio, el Cino del Duca. Esta ocasión feliz se convierte en un tormento para Styron, que ya no puede escapar a la evidencia de que algo grave le está ocurriendo y en cuanto concluyen los dolorosos fastos del premio vuelve a Estados Unidos a tratarse con un psiquiatra.

Una de los cosas que me ha conquistado de esta historia es le sinceridad despojada de autocompasión con que Styron expone los antecedentes y el devenir de su enfermedad. En la búsqueda de las causas de la depresión nos habla de su súbito abandono del alcohol: "(...) de golpe y porrazo, en junio, había dejado el whisky y todos los demás brebajes etílicos". Styron era un alcohólico, al parecer funcional, su hábito le permitía escribir y mantener su vida familiar y social pero un repentino aborrecimiento físico del alcohol lo había forzado a abandonarlo. No es sorprendente que la retirada de un compañero tan asiduo afectara a una mente acostumbrada a los efectos sedantes de las bebidas espirituosas, a veces un hábito pernicioso puede estarnos salvando de un abismo que apenas intuimos. Todo lo relativo a su relación con la bebida está expuesto de una manera tan clara y casi sin valoraciones de culpa que realmente ayuda a comprender su relación con los terribles síntomas que empezaron a atenazar su existencia.

El segundo capítulo lo dedica en su mayor parte a reflexionar sobre la obra y la vida de Albert Camus, sobre el cuestionamiento recurrente en sus libros de su la vida merece o no ser la pena vivida, del suicidio como el mayor problema existencial del ser humano y de la depresión clínica como una característica común de varios de sus personajes más notables.


 Un joven Camus. Fuente: handsomeyoungwriters.tumblr.com (sin indicación del autor)

Al hilo de Camus, aparece el recuerdo de su gran amigo Romain Gary, un escritor brillante que también había sido héroe de guerra , jugador de poquer y diplomático, entre otras fascinantes ocupaciones. Gary, de origen ruso judío había sobrevivido a la guerra, a las turbias rencillas del mundo de las letras pero no pudo con una depresión que empeoró tras el suicidio de su exmujer Jean Seaberg, con quien se mantuvo muy unido después de su divorcio. Como se ve, para lidiar con la depresión no hace falta sólo valor, del cual estaba sobrado Gary, quien al final, un día volvió a su casa, se puso su mejor pijama de seda y se marchó con el rápido expediente de un tiro en la cabeza. Fernando Apuero desarrolla esta historia en un artículo de la revista El Malpensante.


Romain Gary y Jean Seaberg. Giniès/Sipa. Fuente: Le Nouvelle Observateur

El tercer capítulo es un doloroso catálogo de artistas -muchos de ellos escritores- suicidas y una reflexión sobre lo complejo que resulta para los deudos aceptar la realidad del suicidio de sus seres queridos, como si con ello se estuviese abriendo la puerta a un dictamen de "cierto matiz de delincuencia que de alguna manera menoscabara al hombre y su carácter" pero al final, por dolorosa que pueda ser la verdad, falsear  o encubrir un suicidio es una lucha estéril y tal vez una mayor traición a  la memoria de quien eligió (o no le quedó otra opción) que marcharse por su propia mano. A continuación y a manera de pequeño homenaje, un resumen de algunos de los ilustres personajes que cita Styron y que se marcharon dando un portazo o dejando la puerta cuidadosamente entornada:
  • Abbie Hoffman
  • Randall Jarell (poeta y crítico)
  • Primo Levi 
  • Virginia Wolf
  • Cesare Pavese
  • Sylvia Plath
  • Jack London
  • Ernest Hemingway
  • Vladimir Mayakovsky
  • Anne Sexton
  • (...)

Queda la duda ¿tiene algo que ver la sensibilidad artística con la propensión a la depresión? o, desde otro punto de vista ¿sería la creación, la escritura un intento espontáneo de curación, de tejer una red que delimite el desgarro de la angustia en el tejido de la realidad? Sin embargo, Styron no se llama a engaño ni le da un halo de glamour a la depresión, que tiene mayor resonancia cuando se lleva por delante a un artista talentoso y reconocido pero que afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales.

Styron cuenta cómo intentó dominar su angustia mediante una detallada documentación sobre los síntomas y la génesis de la enfermedad en libros de psiquiatría y del desequilibrio neuroquímico que acompaña a los trastornos del ánimo pero es mucho más interesante ver cómo va marcando el avance de la enfermedad en su propia vida, cómo lo que antes le resultaba bello, como el avance del atardecer en el campo empieza a resultarle insoportable. La debilidad causada por el insomnio, la incapacidad para concentrarse y escribir van minando todo lo que el consideraba constitutivo de su identidad y de su yo. El sentimiento de que su vida ha sido una farsa, el autoaborrecimiento van apoderándose cada vez de manera más definitiva de sus pensamientos cotidianos. Habla de la violencia en la depresión, una violencia volcada hacia adentro, hacia el sujeto mismo, por lo que no es de extrañar que en los casos más desafortunados culmine con la muerte autoinflingida: "(...) las personas con depresión sólo son peligrosas por lo común para sí mismas (...) Es una tormenta, sí, pero una tormenta de una tinieblas".

El inicio del tratamiento con un tal Dr. Gold no trajo alivio notable a sus padecimientos. Los lugares comunes, los consejos bienintencionados no lograban ni arañar la superficie de su desesperación. Tampoco la medicación parecía surtir efecto y poco a poco las fantasías de suicidio fueron ocupando un lugar cada vez más concreto en sus fantasías. Fue el derrumbamiento definitivo que le sobrevino al oír una pieza musical muy vinculada a sus afectos el que le permitió comprender que pronto terminaría por matarse para poner fin al sufrimiento y entendió que le horrorizaba causar ese sufrimiento a la gente que amaba. En ese momento tomó la decisión de ingresarse en un hospital psiquiátrico.

Cada enfermo debe recorrer un camino distinto para encontrar su curación. Styron encontró en el hospital la pausa necesaria para separarse de la cotidianidad de su sufrimiento, unos psiquiatras más competentes que corrigieron los errores graves en la prescripción de sus medicinas y felizmente, la remisión de los síntomas. Cierra su hermoso texto comparando la salida de la depresión con la subida de Dante de los infiernos, que al volver al "claro mundo" puede de nuevo cantar su belleza y disfrutar de él: "Allí, todo el que ha recobrado la salud ha recobrado casi siempre el don de la serenidad y la alegría, y esto quizá sea reparación suficiente por haber soportado la desesperación más allá de la desesperación". 

¡Gracias Sr. Styron! (Por sobrevivir y por contarlo). Es en este sentido que la buena literatura es la verdadera literatura de autoayuda, te demuestra que toda experiencia humana, hasta la más oscura es suscepible de ser compartida.

Nota sobre mi ejemplar: Es uno de los libros de biblioteca más usados que ha caído en mis manos, según los sellos, desde 1999 muchísimos lectores han recorrido esta epopeya junto con Styron, casi se siente la vibración de las emociones en sus páginas. Alguien ha hecho algún un subrayado en lápiz pero es como si el respeto de los lectores lo hubiese mantenido impoluto a través del tiempo. Una maravilla de edición: robusta, compacta, casi eterna. 

Al hilo del tema, quiero aprovechar para recomendar el estupendo trabajo de Allie Brosh con su web cómic Hyperbole and a Half Adventures in depression y Adventures in depression part 2.

Más gente ha hablado de este libro:

- Una  entrada muy personal en el blog Guerra y paz 
- Para los interesados, hay una edición reciente (2009) de editorial Belacvqua, con una nueva traducción, que yo creo que me traeré para casa. No he encontrado ficha de la editorial pero dejo el link a la de la librería Marcial Pons
- Un comentario de Juan Cruz (2009) en El País
- Una artículo de Rodrigo Fresán en Letras libres muy bien escrito, completo y detallado. Me gusta mucho como define el estilo de Styron aquí "una prosa casi clínica, sin adornos".

4 comentarios:

  1. Es un libro bello y valiente. No sabía que lo hubiesen reeditado. Lo intentaré comprar.

    Gracias por la información.

    Eophy

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  2. Sí, es un libro que definitivamente quieres tener junto a ti, para los malos días (y los buenos también). Gracias por tu comentario.

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  3. Estimada Sonia Aguirre Duque, leo y releo vuestro comentario, escribo frases, y me admira y me deslumbra la extraordinaria capacidad narrativa, reflexiva y de contenido en vuestra detallado análisis del libro de Styron. Cuánto me alegra el haberme encontrado con vuestro blog... Un abrazo y felicitaciones..

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    1. Estimado Jorge:

      Mil gracias por tu elogioso comentario. Este es uno de los libros cuyos que aparte de estar escritos con formas exquisitas, tocan una fibra, la del dolor emocional, cuya complejidad es tremendamente difícil de transmitir. Si puedes, no dejes de leerlo.
      Espero verte por aquí de nuevo.
      Un abrazo,
      Sonia

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